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Dos personajes cautivos en un territorio mítico, soportan la sed y el hambre en el último de sus días. Representando tiempos históricos y sociales  anacrónicos, se aferran a la espera del que ya no llegará y a la posibilidad de salvación puesta en el horizonte del páramo desolado en el que se encuentran. El horizonte, el confín ,es el destinatario  de la resistencia. El estado físico y emocional de Lidia y Corso  les permite la ilusión y el delirio  con los que  se sostienen.

…»El desierto transformado en un océano de angustia para dos náufragos que sólo esperan el fin de la tortura. una tortura que los lleva y los trae por el territorio amargo de los recuerdos, de lo que pudo ser y no fue… Corso espera a su general… Que nunca vuelve… Lidia a su Baigorria… Y un circo que fue vida y juventud… Y el alba… Y el mediodía… Y la tarde… Y el crepúsculo… Y la noche… que los liberará sobre las alas de los cuervos. De esos cuervos que Lidia cuenta mientras el fantasma de un niño se escapa y se escapa… Hacia el confín… » Ignacio Hernández