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Horacio ha tomado una decisión radical: no prestarse al movimiento.

Esta toma de posición genera un conflicto en la relación con los otros.

Los vínculos se trastornan: Equis, su mujer, Graciana, una religiosa y Ratio, un médico-científico, desarrollan estrategias para modificar la actitud horaciana. El diagnóstico es tajante: la inmovilidad es una enfermedad social que atenta contra el sistema, perturbando la normalidad.

El personaje responde: “La premisa es detenerse para tenerse de.”,  sentenciando una insistencia existencial que limita con lo absurdo.

La obra se sitúa en el territorio del desmoronamiento vincular a partir de una elección subjetiva que pone en crisis la capacidad de compresión de las diferencias.

La inmovilidad es un camino para indagar lo propio.